El pensamiento y la filosofía de una cultura dan forma a cómo sus habitantes interpretan el mundo que les rodea. En el caso de la cultura mexica, uno de los pilares fundamentales de su comprensión del universo es la relación intrínseca entre vida y muerte. Para ellos, ambos dejan de ser opuestos que chocan, para convertirse en complementos que coexisten en una constante vibración.
La muerte es un cambio y puramente una fase en el ciclo de la existencia.
Dentro del corazón de la cultura mexica, el ciclo de vida y muerte no se limita a un simple nacimiento y final. Aquí, la muerte no representa una culminación, sino una transición: un paso natural dentro de un ciclo eterno que sigue avanzando sin cesar. Este entendimiento está profundamente arraigado en una percepción de la interconexión y la reciprocidad. En otras palabras, se entiende la vida como un proceso interconectado en el que cada etapa tiene un propósito y significado.
El universo mexica es una serie infinita de ciclos: el amanecer da paso al atardecer, la primavera sigue al invierno, y así sucesivamente. Estos ciclos se entrelazan y se alimentan mutuamente, como un ecosistema en perfecto equilibrio. La muerte, es simplemente otro paso en lo que se entiende como la “rueda del cosmos”.
Pero ¿cómo se manifiesta esta cosmovisión en su vida diaria y en su arte? La dualidad de la vida y la muerte se hace presente, por ejemplo, en las representaciones artísticas. Un ejemplo de esto es la Sección 20 del Códice Borgia, donde encontramos a Quetzalcoatl y Mictlantecuhtli, entidades de la vida y la muerte respectivamente, situadas espalda con espalda, simbolizando la naturaleza cíclica y complementaria de los días en el Tonalpohualli (la Cuenta de los Días en Nahuatl, el calendario mexica.
El concepto cíclico de vida y muerte, también se manifestó en su concepción del cosmos. De aquí nace la concepción de los "Cielos" y el “Inframundo". Cada uno de estos con su propia función y significado en el viaje del alma. La muerte, entonces, es simplemente una puerta de entrada a estos reinos.
Los mexicas, con su profunda comprensión de la interrelación entre la vida y la muerte, nos presentan una lección valiosa. Nos recuerdan que la vida y la muerte no son dos entidades en conflicto, sino partes de una misma esencia, conectadas de manera inextricable. Cada vez que el sol se pone, no lo consideramos una pérdida, sino que esperamos con anticipación su resurgimiento al amanecer. De la misma manera, los mexicas contemplan la muerte no como un final, sino como el comienzo de algo nuevo.
En su vida cotidiana, esta perspectiva influiría en cómo los mexicas interactuaban con su entorno y con los demás. Celebraciones, rituales y ceremonias estarían imbuidas de este entendimiento, reforzando la idea de que la vida y la muerte son cíclicas y se alimentan mutuamente. El Día de los Muertos, por ejemplo, una tradición que ha perdurado hasta nuestros días, es un testimonio de esta visión, donde en lugar de llorar a los muertos, se celebra su vida y se les recuerda con alegría y cariño.
Es fascinante cómo, a pesar de los avances tecnológicos y científicos, perspectivas de hace miles de años pueden ofrecernos una perspectiva fresca y enriquecedora. En lugar de temer a la muerte, podemos aprender a verla como un paso más en el viaje, una transformación hacia una nueva existencia.
Adoptar esta cosmovisión podría cambiar radicalmente nuestra relación con la muerte y los cambios en general. En lugar de considerarla como un enemigo a evitar a toda costa, podríamos empezar a verla como una compañera en nuestro viaje, recordándonos la importancia de vivir plenamente y valorar cada momento.
En conclusión, la cosmovisión mexica sobre la vida y la muerte no solo es un reflejo de su cultura y tradiciones, sino que también es una invitación a reconsiderar y redefinir nuestra propia relación con estos conceptos. Es un llamado a reconocer y celebrar la dualidad y la interconexión que existe en todo, y a encontrar la armonía en los ciclos naturales de existencia. Al hacerlo, podremos acercarnos a una comprensión más profunda y significativa de lo que representa morir y vivir.
| Anahuac Tiahui :